SEXO COLECTIVO

Colectivo. Sexo colectivo. Pulsiones colectivas.
Enfrente, dos lesbianas evidencian el revoltijo deseo-sociedad en cada mirada y en cada movimiento. Al centro, un hombre parecido a tantos otros salta cada vez que lo miro (es tan chistoso). Junto a la ventana, Frida Kahlo tiene un escote verde y rojo, y también tiene un lunar a punto de perderse el cual grita S.O.S. y llama la atención de todos; irónico con ese perfil de macho. Además hay un tipo de seguridad al que parece que le hago acordar a alguien. Para colmo están estas cortinas de telo, que cada tanto presentan la cara de algún que otro soltero que desde otro auto busca acá dentro, ya de vicioso nomás.
Las lesbianas se enredan vegetalmente: se buscan con los dedos, señal de que el cuerpo se les amotinó, si lo habré hecho (y aclimatando, Janis Joplin o Jim Morrison, seres autocalificados como “meramente sexuales"). Una de las lesbianas me mira, suerte tiene unos anteojos que hacen las veces de paragolpes. Ay dios, ella murmura algo y la otra se da vuelta... y me mira también. Entonces las piernas y los labios se inquietan, los ojos saltan por la ventana.

Silencio.
Una flauta. Jethro Tull tiene menos hormonas que la parva de viejas que acaba de subir y el sol no está tan fuerte ahora. Sin que nadie se diera cuenta, esto comienza a ser un transporte público y nada más, sin pulso. Al final todas las autopistas del sur son iguales, está esa misma conexión como de hace mucho con gente que bien podría haber sido de cartón.

Desgastado el tiempo y los juegos sospecho que la gente empieza a envidia la burbuja en la que viajo.


90 el boleto.