AHI VOY. UNA SOMBRA. GOTA A GOTA UN AHI VOY


Ahí voy. Gota a gota.
En la ventana ciega de invierno.
En el retardo de la canilla para liberar el agua cuando te cepillas los dientes. Yo estoy en ese segundo asomada, espiándote.
¿Por qué miras mareado a tu alrededor? ¿Por qué te preguntas?
Peor: ¿Por qué te dejas de preguntar?
Durante nubes y nubes me senté con vos, me paré con vos, rompí con vos, lloré con vos, ahora me miras con esa profundidad y me resulta difícil creer que no me reconociste.
¿Por qué, si cuando me ves tu alma sale a flote, no te preguntas?
Acá hay un hombre sin sombra. Un hombre que se acostumbró a no tener sombra… un hombre que pronto dejará de verse en el espejo, que pronto verá en su lugar un dedo de guante verde, que se acostumbrará a verlo en el reflejo poniéndose el sombrero para salir (el de cinta le queda mejor, si si). Después, tu alma me agita una manito desde las pestañas: nos vemos pronto, espero. Chau chau. Sonrisa sonrisa, beso en el aire.
Entonces el dedo verde sale en bici. Todos ven al hombre, pero en realidad éste se ha vuelto reflejo del dedo verde, que sueña que se le vuela el sombrero y disfruta de su consiguiente bohemia, sin pasado ni futuro ni búsqueda. Pero no, por más vueltas que pagues, la calesita tiene esa forma de dejarte disfrutar para luego mostrarte que no avanzaste. Si te parece, mi cielo, cambia de caballo (o bici) que igual ahí esta mamá, ahí esta la sortija, y atrás mamá. Y la sombra. Todos estos años ahí estuvieron y no hay bohemia que lo cure.
¿A quien supones que estuviste peinando y sonriendo frente al botiquín? ¿Quién te acariciaba la frente justo antes de que te decidieras por la mejor de las melodías? ¿Quién bordaba tus sueños y ensueños? ¿Quién se transparentaba delante de tus mujeres y se opacaba delante de tus tristezas? Cuando te cepilles los dientes la próxima vez, sólo respira hondo y lo demás lloverá a tu alrededor. Gota a gota un ahí voy
Pero preguntá más fuerte. Lo necesito.


Una sombra