Dos caras de la misma moneda



I cara de enfermita
Relatos mellizos: nacieron con un par de horas de diferencia (uno a las 4 am, el otro no sé, tarde a la mañana, cuando no sirvo para nada). No sé si me gusta escribir este tipo de cosas (en realidad es como si una mañana me viera verde en el espejo), pero hay veces que a uno se le atoran las cosas y hasta que no se ven en papel, las ideas no se quedan contentas, qué egocéntricas que son.
Este tipo de textos son los que dan lugar a frases como "esta chica no está bien" (dicho esto les gané de mano, no lo pueden decir. ja!). En fin, aquí están, ellas son...



Llueve. Llueve afuera. Llueve adentro. Llueve en el techo, llueve en las caras, llueve en los ojos. Y la gente llueve. Porque en los días de lluvia la gente no existe, o mas bien uno nota que no existen, que no existimos. Uno se encuentra a sí mismo en el techo de una noche lluviosa y se redescubre con cada relámpago. Y mira sorprendido, extrañado su pierna brevemente iluminada, y se da cuenta de que en realidad ella estuvo todo el tiempo ahí y que esa desconcentración es más metafísica que mil reflexiones que uno se ve meteorológicamente obligado a formular.
Y de pronto no hay más nada ¿nada de qué? No sé, pero ya se fue. Se fue con los grillos, que hace tiempo dejaron de hacer lo que sea que hagan con las patas ¿A dónde van? ¿hey, a dónde me llevan? lejos de la compre(n)sión humana ¡Pero no voy a ver nada! No, al contrario. No te preocupes.

Gotas de sangre y de encarcelamiento. Gotas de doblegación, de nada corren por tu cara mientras corres por las gotas de auto indulgencia que engordas como un pavo de navidad. Bueno, entonces que tengas una feliz navidad, esquizofrénica de mierda


II cara de estoy en el mejor de los mundos posibles
Pocos días después del bajón lluvioso, (hoy) se me acumulan una serie de hechos afortunados y requete inesperados en escuetas 20 horas.

Este tipo de dibujos son los que hacen que personas como Liniers manden cartas documento (dicho esto te gané de mano, no lo podés hacer. ja!... no no no, no lo podés hacer). Igual reconozco que, aunque anduve todo el día con ganas de hacerme la chistosa por escrito, la inspiración vino por cierto libro: Oops! así que... ahora sí, no corre lo de la carta documento


Al lado mío había un chico que no paró de llorar durante toda la espera, con un pancho en la mano (que no comió!). Lo que es yo, si hubiera tenido un pancho, no habría llorado tanto. No sé, no sé...