Vas caminando en medio de la noche, en medio de la nada.
No te cuestionas nada de la nada. Ni de la noche. Ni te cuestionas noche de la nada, no.
Vas caminando y sólo se te ocurre desperdiciar el momento repasando tonterías de charlas que te gustaría tener y que por eso practicas y ajustas.
Allá hay un hombre. Caminando en tu misma dirección y sentido va un hombre y no tiene nada de raro, por eso lo incorporas a la nada, que seguís sin cuestionar.
Sólo bajas de la calesita cuando, en el cruce de calles solitarias, miras sin mirar y advertís (por fin advertís algo) que por la otra esquina también se aleja un hombre, cosa que se repite en su contraria. Tres hombres alejándose. Tres hombres que cuando llegan a la esquina giran sobre sus talones y vos estupefacto y ellos se ríen y vos pestañeas y alcanzas a ver un brillo en la mano del que está adelante y bum. Los tres bum, desde su lugar bum y por debajo del impermeable bum y vos al suelo, porque para andar en esa calesita tuya es preferible bum. Ellos lo dispusieron así.
No te cuestionas nada de la nada. Ni de la noche. Ni te cuestionas noche de la nada, no.
Vas caminando y sólo se te ocurre desperdiciar el momento repasando tonterías de charlas que te gustaría tener y que por eso practicas y ajustas.
Allá hay un hombre. Caminando en tu misma dirección y sentido va un hombre y no tiene nada de raro, por eso lo incorporas a la nada, que seguís sin cuestionar.
Sólo bajas de la calesita cuando, en el cruce de calles solitarias, miras sin mirar y advertís (por fin advertís algo) que por la otra esquina también se aleja un hombre, cosa que se repite en su contraria. Tres hombres alejándose. Tres hombres que cuando llegan a la esquina giran sobre sus talones y vos estupefacto y ellos se ríen y vos pestañeas y alcanzas a ver un brillo en la mano del que está adelante y bum. Los tres bum, desde su lugar bum y por debajo del impermeable bum y vos al suelo, porque para andar en esa calesita tuya es preferible bum. Ellos lo dispusieron así.