EL DOMINADOR


De chiquito ya sabía claramente su destino. Esta perspectiva jamás lo asustó. Cuando la gente le preguntaba que quería ser de grande, él contestaba -dominador del mundo- con una seguridad que no hacía más que garantizarlo. En especial con la tía Olga, que siempre volvía a preguntar, esperando algo más tranquilizador. El le escupía su decisión y miraba cómo ésta rebotaba contra los cachetes de la gorda. Tenía grande planes para ella… Sonreía hasta dolerle la cara si se le presentaban esos cachetes estupefactos en el espejo cuando posaba de ¾ perfil, con el piloto del hombre araña y los guantes robados al motoquero de al lado.
Por lo demás, pasaba sus tardes arrastrando al perro para todos lados y construyendo torres con lo que fuera (y la tía Olga que se cree tan astuta: “ay el nene va a ser arquitecto”. estúpida). Hacía todo con una solemnidad incansablemente solemne, con esos bigotes de chocolatada que le daban un no se qué (mamá salí, no me limpies. Encima ese repasador es un asco)
Hizo e hizo. Motoqueros, bigotes, torres, arrastres, sobretodos, mamá salí. 27 años después es dueño de dos diarios, 5 periódicos y una radio; pero planea comprar cierta agencia de noticias y ahí van a ver.