COMPAÑERO

Ahí esta. Yo creía que no entraba más en mi mundo y de hecho hacía tiempo que no se me cruzaba por la cabeza… y sin embargo ahí está. Y yo bajo la mirada porque siento que se va a dar vuelta por el peso en la espalda. Pero la vuelvo a levantar y ahí está. Ahí sigue estando y es maravilloso volver a encontrarlo cada vez que levanto la vista. Una, dos, tres veces para recuperar el tiempo perdido, hacía tanto que no lo veía.
Poco a poco los detalles se hacen más nítidos, más él. Entonces me parece momento de mirar al frente seguir con lo mío y a esperar la casualidad casual.

Su voz suena repentina, casi veo las ondas sonoras alcanzándome. Mi voz viene ansiosa desde unas cañerías muy lejanas.
Y me derrito. Con su “¡tanto tiempo!”, con su franqueza, con su alegría de verme. Con lo irremediablemente corta que va a ser la charla.
Y ahí quedo: derretida por cuadras y cuadras, todavía usando sus pestañas de tobogán.


Lástima que sea peronista