ENCUENTRO DEL TERCER TIPO


Hoy viajé con un ser extraño. Sé que hay que llamarlos así: unserextraño. Estaba disfrazado de pobre tipo, pero había cosas que lo evidenciaban: telas muy lindas para llevar diariamente en un colectivo, corbata sutil y nariz ganchuda. No es que un oficinista no pueda tener nariz ganchuda, los hay con unas ganchudísimas, pero la gente mágica te mira desde ahí atrás de su nariz, atrincherada en su nariz… quiero decir amaneciendo ahí.
Sé que en realidad no estaba escuchando música a pesar de tener puestos unos auriculares y también sé que de alguna manera me reconoció. O tal vez me confundió con la agente-B-con-la-que-debía-intercambiar-los-ghouls-en-cápsulas… De todas formas yo no hubiera osado a preguntar sobre tamaño asunto.
La cuestión es que me miró y me llamó a mirarlo con sus destellos. Nunca vi una luz tan triste. Cuando me desencandilé, me señaló sus zapatos con la cabeza o más bien con las pestañas. Eran demasiado puntudos y verdes; eran los restos de sí mismo, honradamente contradictorios.
-Entiendo que sos un duende y creo saber lo que estás sufriendo, pero no sé cómo ayudarte porque ni siquiera me podés mirar enérgicamente con esas cosas sanguijuelas enchufadas en las orejas.
Y me bajé. Y él atardeció.