Otro cuentometraje.
En realidad este fue uno de los primeros que escribí alla lejos y hace tiempo.
Y va con esta música
Desde el pasillo oscuro, se distingue un baño con la luz prendida. Adentro hay un hombre a medias vestir haciendo sonar diferentes frascos del botiquín; el hombre mira la hora y se apresura a arreglarse, aunque al cepillarse los dientes no puede evitar el buscarle sonidos al vaso. Sale a la puerta de su casa, guitarra al hombro y todo prolijo. De un coche que no se ve entero se abre una puerta blanca de vidrios polarizados; el se acerca, se sube y el fiat 147 arranca (al final era un fiat...). El paisaje fuera del auto cambia muy rápido. Ahora es de noche y están en una zona más bien de campo cuando estacionan frente a uno de esos restaurantes de ruta, esos que tienen un pan riquísimo. En la puerta hay un afiche anunciando que este tipo va a presentarse esa noche, haciendo covers del club del clan. Cuando entran, él quiere simpatizar con la mujer de la caja, pero ella ni bola.
Después él está haciendo los últimos ajustes antes de tocar en el comedor; usa anteojos negros. Como a través de esos lentes se ve mucha gente en las mesas, yendo y viniendo. Él se los levanta. No hay nadie en realidad... entonces él se fastidia y se va. Abre la puerta, afuera tampoco hay gente ni tránsito siquiera. Se sienta en un tronco a la entrada y busca cigarrillos. Al darse cuenta de que no tiene (peor: que se le rompió el último), golpea el vidrio; la mujer de la caja le señala que puede conseguir "por allá". Él mira hacia ese por-allá incierto y solitario. Luego apenas recuerda flashes intermitentes: él acercándose a una estación de servicio. Dinero y paquete sobre el mostrador. Saliendo. La patota que se le acerca y le pide cigarrillos. La patota que lo rodea. Todo negro.
Abre los ojos y ve el cielo y unas paredes, es de día. Los cierra. Los abre de nuevo y ve un televisor transmitiendo imágenes del atentado de las torres gemelas y unas cortinas azules de hospital. Se levanta y se para delante del televisor. Frunce el ceño extrañado, desorientado, mira alrededor y va a la puerta. Cuando la atraviesa, está en el subte, guitarra al hombro. Mira su reflejo en la ventana, un graffiti (evolution) y cambia la actitud irguiéndose, y así baja, evolucionado, compra un diario, con cara de evolucionado, pero alguien le roba la guitarra al pasar y lo desarma. Agotado de correr, sin resultados, se sienta en la mesa de un bar roñoso y llama a la mesera, que le sirve una bebida, otra y otra. En la mesa se ven acumulados los vasos, etc.; él, cabizbajo, se sostiene la cabeza con las manos. Desde su punto de vista se ve una cuchara en el suelo, que se superpone el recuerdo del graffiti, entonces él se reincorpora y empieza a jugar con los sonidos otra vez. Pasa alguien y, para sorpresa, le deja unas monedas. Las imágenes se suceden: una persona, tres, seis, muchas lo rodean para escuchar, él feliz. Un hombre de pelo largo se acerca a hablarle, se dan la mano. Entran en una sala de ensayo con gente. El extraño de pelo largo (¡!) presenta su descubrimiento a los músicos.
Nuevamente a través de un cristal oscuro parece haber mucha gente sentada en mesas, yendo y viniendo animada; el cristal se levanta, pero la gente sigue estando ahí, no como la otra vez. Entonces se lo ve a él con sus vasos, sonriéndole al bajista y disfrutando. Desde atrás del escenario se los ve bajar contentos. Luego yendo a la barra del lugar, rodeados de gente... en especial él, que es el más escandaloso. La gente, incluyendo a sus compañeros, se va desvaneciendo. Él se queda solo en la barra, otra vez con diferentes vasos frente a él y una cuchara en la mano. El barman le dice algo a lo que él no presta mayor atención porque está concentrado en su música, pero sí ve que el hombre le acercó un papel. Él se l firma y se va del lugar. El hombre en la barra está pasmado, mira el papel y no entiende nada: el bar estaba cerrando y el único chiflado que faltaba fletar (quién sabe de donde vino) le autografió la cuenta y se fue sin pagar, lo más pancho.