CONGRESO Y DESCONGRESO DE LAS SOMBRAS



Había una vez una sombra vagabunda y un homenaje a Atahualpa. Esta sombra no siempre encontraba su lugar en el mundo de blancos y negros, pero se las ingeniaba para circular sin mayores problemas. Pasó que en este homenaje se vio proyectada tres veces. Se vio encarnada en tres pares de ojos que reflejaban otro cielo, donde la sombra era y es la misma: un hijo que admira a su mamá, que es como no cualquiera. Es una que piensa y que vuela. Una mamá a la que miran de reojo las otras mamás a la salida del colegio. Que a veces es más un amigo-compañero de banco, que llora a medias en navidad, y que enseña los primeros pasos en eso de la soledad rebajada con dibujitos y música. Por eso esta sombra brilla cuando le alcanza un lápiz y un cuaderno a otra más chiquita, por la emoción del ritual de iniciación.


Nadie ve en el auditorio cómo cuatro proyecciones se reconocen y juegan a no verse en la casa de los espejos. Hoy se vuelve cada una a su casa con un puñado de estos, que reflejan a las otras sombras, escurriéndose de los ojos. Sus vidas en cannon y sus luces sincronizadas; ellas no notan que sus luces destellan en estos espejos y que la señal se proyectará en el quinto o sexto cielo.