COSAS QUE PASAN

Celina terminó su primer día de clases dos días tarde. Tomó el colectivo que en algún momento la dejaría más o menos cerca de su casa. Al momento de sacar el boleto había pasado el papelón correspondiente a sus ganas de pasar inadvertida.
Cuando enfrentó al resto del pasaje notó, con cierta inquietud que no dejo traslucir, que era la única sin asiento. Entonces con determinación se dejó vencer por el peso de todas las miradas, procurando caer aproximadamente en un escalón a la mitad del colectivo; como un paria a la entrada del santuario de los asientos más deseados.
Todo el viaje fue leyendo y escuchando una conversación en la que tuvo ganas de participar y de hecho se preguntó un par de veces si los conversantes habrían notado sus gestos acordes a la charla.
Todo el viaje se mantuvo ofendida ante la gente que la gente que la saltaba o le escupía sin permiso
Todo el viaje fue apretándose cada vez más contra el bordecito que podía acaparar sin que nadie pudiera disputárselo. Desde ahí miraba a la gente que quedaba delante suyo cuando las puertas del descenso tardaban en cerrarse
Todo el viaje, sí, hasta que advirtió que nadie había tocado el timbre y sin embargo el descenso estaba ahí, herido ante ella. Ese fue el sordo campanazo que la hizo notar que hacía mucho que pasaba los ojos por el mismo renglón y que las conversaciones a su alrededor se habían multiplicado y ella las seguía a todas.
Pero el colectivo volvió a parar y a abrirle su herida fascinante sin que nadie bajara.
Cuando salió de su estupidez, notó, sintiéndose muy privilegiada, que una palabra de una conversación se había repetido inmediatamente en la de al lado. Otra. Otra más.
Como despertando de un sueño, vio había tres conversaciones en cannon. Ella no entendía ninguna. No, ella estaba absorta en la puerta que se abría y se cerraba autónoma, que resoplaba, que la subyugaba independientemente de la que gente que por delante se cruzara y más aún de los personajes cada vez menos humanos que la miraban desde adentro de la herida (o fuera en la calle según se mirara la cosa). Cualquiera de ellos podría, por ejemplo, gritarle, pegarle, dispararle. Dispararle esta bien, dispararle es lo que harán en la próxima parada y nadie necesitará explicaciones